De la vida me queda, especialmente, mi eterna gratitud a toda la gente de este país: todo lo que fui, todo lo que tuve y todo lo que conseguí en mi vida se lo debo a los colombianos. Yo no tuve la suerte de nacer aquí —no porque me arrepienta de haber nacido en un país tan bello como España—, pero siempre me sentí un colombiano más y por ello solo puedo decir gracias. Quiero ser recordado como una persona honesta. Tuve muchos defectos y algunas cualidades, pero las que siempre rescaté fueron la honestidad y la autenticidad. Fui auténtico en todo: dentro y fuera de la televisión. Siempre fui el mismo Pacheco de todos y quizás eso fue lo que me ayudó a haberme mantenido vigente todo el tiempo, gracias a la generosidad de la gente. Obviamente tuve frustraciones como, por ejemplo, no haber sido pianista. Lo intenté, pero ya era tarde y hubiera cambiado muchas cosas de mi vida por tocar el piano. Espero que en la otra vida, si hay pianos, me corresponda uno a mí.

Siempre aproveché la vida y viví muchas locuras que la gente me permitió, como saltar en paracaídas o dármelas de torero y boxeador. Viví plenamente y, por eso, sin ánimo de dar un sermón, odié el alcohol y las drogas, que lo único que logran es hacer perder el tiempo para gozar plenamente. En el plano sentimental lo único que me frustró fue la pérdida de mi madre —de lo cual afortunadamente ni me di cuenta porque tenía cuatro años— y la de mi padre, años después. Yo fui muy mal estudiante y un niño consentido. Mi padre siempre se preocupó por mi futuro y no alcanzó a verme empezar un camino. Lo único que siempre añoré fue el mar. Me marcó mucho y me convenció de que uno es un gorgojo en la vida ante su inmensidad, los valores cambian totalmente en su contexto y creí que mi vida iba a terminar ahí, pero de pronto me encontré con un oficio en el que duré más de 50 años y mi padre nunca pudo ver que pude coger un camino. Me golpeó tan duro eso que estuve a punto de quitarme la vida, porque él no solamente fue mi padre, fue mi amigo, mi compañero, mi cómplice.

Mi mayor triunfo fue haberme mantenido vigente. Eso fue difícil, porque siempre hubo gente joven que con grandes méritos empujó, pero yo lo logré gracias a la honestidad que tuve con mi trabajo y porque nunca copié a nadie. Nunca fui amigo de dar consejos, pero sí, puedo aconsejar la autenticidad y a cada quien ser lo que realmente es. Ese es mi legado, junto con el amor hacia Colombia. Alguna vez tuve una experiencia muy hermosa y fue cuando Yamid Amat entrevistó a Carlos Vives. Él le preguntó, en algún momento, por qué quería tanto a este país, y Carlos contestó que lo quería porque se lo enseñó Pacheco. Nunca tuve una gran amistad con Carlos Vives, de modo que eso me pareció muy generoso de su parte y estoy de acuerdo con él: hay que querer a este país y tenerle mucha confianza pese a los graves problemas que existen. Tenemos un capital muy importante, no es solamente nuestra posición geográfica, los mares o los montes. Es nuestro capital humano, de una riqueza extraordinaria. Eso es lo que más extrañaré de una vida que ha sido generosa conmigo y que he gozado plenamente en el mejor país del mundo: Colombia.

Por Fernando González Pacheco.

La ACL premia a destacados locutores y comunicadores.  El premio "Carlos Arturo Rueda C", lo ganó el señor William Vinazco Ch., al destacarse como narrador y comentarista deportivo. El premio "Gloria Valencia de Castaño" lo recibió Maria Lucia Fernández,  presentadora y periodista de Caracol TV.  El premio "Juan Harvey Caicedo" se lo llevó Alberto Cepeda Zubieta, reconocida voz comercial y el galardón "Julián Ospina" por toda una vida se entregó a  Don Julio Echeverry Saavedra. Acompañan a los galardonados, directivos y compañeros de la A.C.L. Agradecemos y destacamos la presencia de Don Carlos, Carlitos Pinzón.